Habla Christian Gálvez, comisario de la exposición: “En el universo leonardiano siempre hay más de lo que nuestros ojos ven”

La historia de Leonardo es en realidad una odisea, la tragedia de un hombre cansado de pintar, célebre en tierras italianas por no concluir los encargos, un hombre repudiado por su espíritu crítico e investigador, una figura extraña por no doblegarse ante ningún dogma y, a la vez, con la actitud camaleónica de prostituir sus ideales en busca de una gratitud y un reconocimiento que nunca llegó. Antes de morir lamentó cuánto había ofendido a Dios y a los hombres en el mundo, por no haber obrado en el arte como era debido.

Esa es la historia que deseo contar. Sé que no es fácil desprender la pátina de genialidad que hemos depositado en su figura a través de los siglos y, sin embargo, no deja de ser más atractiva y más poderosa su efigie de hombre mortal, de carne y hueso, con aciertos y errores, victorias y fracasos. Un hombre que vivió y sobrevivió.

Un hombre.

Los rostros del genio no dejan de ser homenajes eternos a sus facciones. También a los rasgos que hicieron de Leonardo un individuo superior o inferior, pero sin duda un espíritu especial.

Especiales son también todos y cada uno de mis compañeros de viaje. Generosos y apasionados, permiten que mi debut en la curaduría (o comisariado, como prefieran) sea un trayecto de aprendizaje, de exigencias, de diálogo, de fracasos y de éxitos.

Espero que quienes visiten esta exposición comprueben que en el universo leonardiano siempre hay más de lo que nuestros ojos ven.